Autor: admin 18 septiembre 2007

René Char: Común presencia
Traducción de Alicia Bleiberg
Alianza Editorial, Madrid, 2007

Común presencia es una selección propia de poemas, aparecida en 1964, que permite conocer una parte substancial de la lírica de René Char, ya unánimemente considerado como figura central de la literatura francesa contemporánea. Su obra fue publicada en la Biblioteca de la Pléiade a comienzos de los años ochenta. Esta antología se reeditó en 1978 y ahora amanece, con formato bilingüe, para conmemorar el centenario del autor. Había nacido el 14 de junio de 1907, en L’Isle-sur-Sorgue, un pueblo provenzal de pescadores. En él residió casi toda su vida. Se inicia precozmente en la escritura; apenas tiene quince años cuando escribe Las campanas sobre el corazón, un título de aprendizaje que el autor borrará de su bibliografía. Su estancia en la localidad natal solo se quiebra por algunos viajes, como el que realizó a París en 1929, cuando conoce y se adhiere al surrealismo; el libro de Paul Éluard, Capital del dolor, es el causante de una complicidad que languidece hacia 1934. La biografía personal está marcada por la ocupación alemana y por su alistamiento en la Resistencia, un tramo vital presente en libros como Hojas de Hipnos. Antes, fue solidario con la causa republicana española, y siempre manifestó una abierta oposición hacia los movimientos totalitarios; fue un crítico tenaz del desarrollismo tecnológico y sus efectos secundarios. A partir de 1946 casi desaparece de la escena pública y solo en contadas ocasiones concedió entrevistas o participó en eventos culturales. Char se niega a cualquier intento de poder literario, incluso cuando se especulaba con la candidatura al premio Nobel. Hace de la soledad una regla de existencia, el destino se cumple lejos de la coacción del grupo.

Autor: admin 18 septiembre 2007

Adam Zagajewski: Antenas
Traducción de Xavier Farré
El Acantilado, Madrid, 2007

Tras la primera lectura, un breve recorrido por los poemas más significativos de Antenas, último libro de Zagajewski publicado en España y cuya edición original es de 2005, confirma la visión que ya tenía del autor. La melancolía, no tanto como actitud vital o temperamento cuanto como proyección hacia el pasado, es una atmósfera suave que envuelve a la obra en general. Así, el primer texto de la misma rinde homenaje a alguien, una vieja profesora de dicción que se jubila, que no solo es un personaje concreto de la experiencia del poeta. También, con esa «elegancia un tanto anticuada», un fragmento, un símbolo de ese tiempo que se imagina uno menos envilecido y atropellado democráticamente. Resto del naufragio de cierta escala de valores a los que la nueva barbarie tilda de caducos: «Ahora nos quedaremos solos. / Maltrataremos la lengua y los labios».

Se invoca en otro poema «a la musa de la lentitud», y es una reacción frente al vértigo de la modernidad; una apuesta, entre líneas, a favor del placer, del paladeo de las pequeñas sensaciones, del trabajo bien hecho que no se doblega a reclamos imperiosos como la competitividad, la búsqueda a ultranza de lo novedoso en un afán, pueril, de ir siempre más lejos, aunque no se sepa adónde… Tradición, sí, entendido el concepto en su sentido más noble, es una de las palabras clave a la hora de definir la poética de Zagajewski.

Autor: admin 15 septiembre 2007

Martín López-Vega

(Os envío el siguiente texto por si os parece que puede cuadrar en algún número de Clarín. Lo había escrito para la antología que está preparando Juan Carlos Abril, pero hoy me ha puesto un mail diciéndome sin ningún pudor: «Querido Martín, leo estos días tu poética y veo algunos puntos para señalarte: te metes con Villena, con Caballero Bonald, con Sánchez Robayna, con Manuel Rico y hasta conmigo. He suprimido esas partes con mucha delicadeza, apenas se nota, y no afectan al texto». No sé que me ha alucinado más, si la censura descarada o ese tono paternal que tal parece que no soy consciente de con quién me meto.

Le he dicho que retiraba los textos de la antología, claro, que no quiero que me incluya, y me ha contestado: «Tienes otros foros donde descargar tus filias y tus fobias, no me comprometas ni me chantajees en mi libro, ¿tú me entiendes?»

Autor: admin 22 mayo 2007

Al Berto: El miedo
Pre-Textos, Valencia, 2007

De Al Berto (Coimbra, 1948-Sines, 1997) se habían publicado ya en España, además de poemas sueltos en revistas como Clarín y Turia, dos libros de poemas: Una existencia de papel y La secreta vida de las imágenes. La antología de la que ahora me ocupo, El miedo, toma este título general de la tercera edición de la poesía completa del autor, publicada en 2005 por una editorial de Lisboa. Teniendo en cuenta el sentido de unidad con el que puede leerse toda la obra del poeta, no voy a hacer referencia aquí a los distintos libros representados sino a los núcleos temáticos más recurrentes y al procedimiento estilístico más común.

El mar, en esta poesía, libera desde un principio extrañas pulsiones asociadas tanto a la vida como a la muerte. Fascinación y terror. Conexión asimismo con uno de los emblemas del imaginario colectivo portugués. La erotización igual que la rapiña: “cuando excavaron tu vientre encontraron vestigios dormidos de otros pueblos / enigmáticos collares, perlas corroídas, aceros inmutables, / escritos de otra época, restos de insomnes navegaciones”. Pasolini, Genet, Willam Burroughs e incluso el Fassbinder de Querelle son algunos de los referentes que, aunque no sean nombrados explícitamente, se identifican en los poemas de más marcado signo erótico, porque desde la cosmovisión de Al Berto la sensualidad erotizante, de una u otra forma, contamina, enriquece, todos los aspectos de la realidad.

Autor: admin 18 mayo 2007

Javier Fresán

“Quizá corresponda a los poetas recordar cosas muy simples”

“Bibliofilia y tesoros, para otros / Mis lujos se consiguen con dos euros”. El poeta me recibe en vaqueros y zapatillas. Get up and shout tatúa su camiseta sobre el torso homérico. Levántate y grita. Desde la publicación de La hermosura del héroe, que sorprendió por su serena síntesis de la tradición clásica con los mitos modernos del deporte, Juan Antonio González Iglesias (Salamanca, 1964) viene destacándose como una de las voces más maduras y originales de la poesía española contemporánea. Educado en la Grecia de Píndaro y Epicuro, y luego en la Roma de Ovidio, Horacio y Séneca, González Iglesias pasó también por Florencia y por l’École des Hautes Études en Sciences Sociales antes de asentarse en Salamanca, donde enseña filología latina. De sus días en París nació Esto es mi cuerpo, un libro de entrega en el que el poeta ofrece al mismo tiempo sus bíceps y sus reflexiones. A la “felicidad libre de euforia, que no atrae la atención de los dioses, porque apenas es” que se dibujaba en Esto es mi cuerpo siguió el retiro del mundo de Un ángulo me basta (“Me concentro mejor en un ciprés / que en las conversaciones”), donde González Iglesias se retrata como “Misántropo, ma non troppo” y “asceta inconsciente”. Ahora vuelve a las librerías con Eros es más, que ha obtenido el premio Loewe de poesía, y con las traducciones de la obra completa de Catulo y los últimos poemas de amor de James Laughlin.

Autor: admin 2 mayo 2007

Manuel Neila

Se puede hacer el tonto en cualquier otra cosa, pero no cuando se trata de poesía.

Michel de Montaigne

I

Desde el romanticismo para acá, la poesía es una suerte de confesión que el poeta emplea para expresarse a sí mismo; es decir, una presentación de la realidad empírica del sujeto individual. Está regida por el principio de una identidad pura, para la cual el poema es ante todo el medio de invocación.

Pero ese sujeto trascendental, heredado de la filosofía moderna, pronto se revelaría incompatible con la realidad empírica e individual de su portador, sometido a condicionamientos sociales que no rige ni controla. Tanto es así que el poeta romántico no tardó en descubrir “le malheur d’être poète”, es decir, la alienación del sujeto empírico respecto a la realidad natural y, consecuentemente, respecto a sí mismo.

John Keats, sensible a este problema, alude al “carácter camaleónico” del poeta, que es “lo más antipoético del mundo, porque no tiene identidad, continuamente está llenando otro cuerpo.” George Büchner va más allá, y ve en la conciencia del vacío la experiencia central del moderno sujeto desdichado.

Autor: admin 10 marzo 2007

Traducción y nota de Liliana Tabákova

La historia del pueblo búlgaro y de su cultura se remonta a tiempos inmemorables. Su presencia en Europa, según las fuentes históricas, coincide con las marchas del emperador Trajano por los Balcanes. En aquel entonces los llamados protobúlgaros, procedentes de lejanas tierras asiáticas, fundaron su primer Estado en Europa —la antigua Gran Bulgaria, según la registran los cronistas romanos—. Se encontraba en la zona entre el Cáucaso y la península de Crimen, en el Mar Negro. Los enfrentamientos con los kázaros provocaron el desplazamiento de los protobúlgaros al nordeste. Allí surgió la Bulgaria del Volga, que existió casi a lo largo de un milenio rechazando los embates de varios pueblos asiáticos y frenando los avances de los mongoles al oeste. En aquella época de enfrentamientos turbios, grupos aislados de búlgaros se instalaron en Europa central y en Italia. El khan Asparuj (680-700) pasó con sus huestes al sur del Danubio, aunque según datos más recientes, proporcionados por los arqueólogos, parece que los protobúlgaros llevaban tiempo incursionando en estos territorios. La victoria militar del khan sobre el emperador Constantino IV Pogonato es reconocida por Bizancio en un tratado de 681, y este es considerado el año en que nace la actual Bulgaria.

Autor: admin 3 marzo 2007

José Cereijo

En las últimas líneas de su espléndido Historial de un libro, dice Luis Cernuda lo siguiente:

En México terminé Con las horas contadas, así como la breve serie de los Poemas para un cuerpo, incluidos en la colección citada, que son, entre todos los versos que he escrito, unos de aquellos a los que tengo algún afecto. Al decir eso comprendo que yo mismo doy ocasión para una de las objeciones más serias que pueden hacerse a mi trabajo: la de que no siempre he sabido, o podido, mantener la distancia entre el hombre que sufre y el poeta que crea.

Cernuda, pues, parece temer ahí —si yo le entiendo bien— que los Poemas para un cuerpo puedan correr el riesgo de atentar contra la objetividad que juzga necesaria en el tratamiento del material poético, por estar demasiado cerca de la experiencia vital que los suscita. Un afán de distanciarse de lo autobiográfico que procede sin duda de la reacción antirromántica (contra ciertos excesos del Romanticismo, más exactamente) de las vanguardias de los años veinte, en las que él mismo se había formado; y que, en su caso, pudo además verse intensificado por el antirromanticismo militante y el deseo de objetividad en los que no pocas veces insistió Eliot, a quien tanto admiró.

Autor: admin 26 enero 2007

Antonio Osório: El lugar del amor
Olifante. Zaragoza, 2006

Es uno de los poetas que más han destacado en la literatura portuguesa contemporánea. Nacido en 1933 y abogado de profesión (ha tenido un cargo equivalente al de presidente del Consejo General de la Abogacía en España), inició su andadura literaria con A raíz afectuosa (1972), y a partir de ahí ha desarrollado una amplia trayectoria poética, con títulos como A Ignorancia da morte (1978), Aforismos mágicos (1985), Planetario e Zoo dos homens (1990) o Crónica da Fortuna (1997). En el libro que ahora nos ocupa, El lugar del amor (1981), dividido en dos partes claramente diferenciadas (“A teia Dupla” y “A Felicidade da Pintura”) va elaborando una obra propia. Los primeros poemas son cortos y luminosos, tratan sobre el deseo y el amor, fundamentalmente, aunque también sobre la muerte. Reflexiona sobre temas en los que no habíamos reparado anteriormente, dándole la vuelta a los tópicos. Así, se profundiza en las relaciones entre el amor y el dolor. Podríamos ver en ellos cierta cercanía a Andrade. A veces habla de algunos descubrimientos, como la desfloración. En algunas ocasiones se acerca al epigrama clásico de la Antología palatina, o a los herméticos italianos. Podríamos calificarle como un poeta de línea clara: “Matriz / de remos que se agitan: / terreno de búsquedas, manipulaciones; / celda / donde no hay desespero; / el lugar del amor”. Como se nos señala en la introducción, se trata de una poesía declaradamente reflexiva y con pretensión de universalidad, que se va acrecentando a medida que la obra progresa.

Autor: admin 4 enero 2007

José Ángel Cilleruelo

Harto conocida resulta la confusión entre los términos generación (el conjunto de personas nacidas en un mismo periodo, sujeto por esta condición de un devenir histórico común) y grupo generacional (pequeño número de artistas con determinadas relaciones de carácter biográfico y estético). Esta confusión estuvo en los albores de los estudios generacionales aplicados a la literatura (Petersen y Salinas, fundamentalmente) y se ha ido perpetuando en los escritos críticos pese a la claridad con la que en este momento se definen ambos términos. La ausencia de un marco teórico de historia literaria auténticamente generacional, donde se conjuguen tanto la centralidad —el canon reconocido— como sus diferentes márgenes —geográfico, sociológico o estético— e incluso la posible existencia de una historia oculta, inédita, solo conocida más tarde, contribuye a que se perpetúe la confusión entre la centralidad de una generación y la generación misma.