Autor: admin 17 abril 2008

Cecilia Eudauve

I

Al despertarme todo cobró un sentido catastrófico. ¿Por qué un sueño podía tomar esas dimensiones, salir de mi cabeza e inundarlo todo? Había sido tan real, por eso me costó trabajo darme cuenta de que esa mujer, repleta de sí misma e inmensa, reclamando el libro, pidiéndolo a gritos, no era Matilde. Aunque tal vez sí, pues lo exigía con una necesidad absurda, reiterativa. Yo no comprendía del todo aquello, hasta que su mirada se me clavó tan adentro y vi, a través de sus ojos, ese profundo pozo ennegrecido de carencia. Entendí, como hermanado con ello, su desesperación, me percaté de que la ausencia de ese libro nos llevaría a los dos a un precipicio y después a la nada.