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Novedades en Crisis de Papel

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  • La verdad de las mentiras  Georges MinoisHistoria del infiernoTraducción de Susana Prieto MoriSiruela. Madrid, 2026. ¿Puede ser ameno e instructivo un paseo por el infierno? Si quien nos lleva de la mano es un erudito como Geo …
  • Relecturas: Cómo vivir   ¿Qué queda de aquel Tzvetan Todorov que en torno a mayo del 68 abominaba de la historia de la literatura y se desinteresaba de la obras concretas para considerarlas solo como manifestación de una es …

Novedades en Café Arcadia

  • Las veladas del Black Bar: Incidente en Catania   —Hace tiempo que no nos cuentas historias de fantasmas, Martín. Hubo una época en que estabas obsesionado con ellas. A tu edad, ya vas teniendo cada vez más amigos en el otro barrio. ¿Nunca se te …
  • Las veladas del Black Bar: La meta es el olvido   En 1955, un prolífico escritor de éxito imagina un cuento en forma de carta, de despechada carta al erudito que ha dedicado su vida a rescatarlo del olvido. “Rabio por esa burla del destino de los e …
  • Las veladas del Black Bar: Sin porqué   Hay una frase de San Agustín que se repite mucho: “Ama y haz lo que quieras”. A mí no me acaba de convencer. En nombre del amor se han cometido las mayores barbaridades. Yo prefiero otra, atribuida …
Autor: admin 14 enero 2006

Ted Kooser
Versión y nota preliminar de Hilario Barrero

Cuando nombraron a Ted Kooser el decimotercer poeta laureado de los Estados Unidos, reemplazando a Louise Gluck, declaró: “Intento en mis poemas tomar las cosas sencillas y mirarlas con una nueva luz”. Kooser, que es un maestro en el arte de la metáfora, escribe con una claridad que a veces deslumbra pero que nunca ciega. En sus poemas destacaríamos tres pilares básicos: precisión, claridad y sencillez, y en ellos se habla de herramientas, de un tatuaje, de un entierro o de un huracán. Es una poesía asequible, aparentemente fácil de entender. Sin embargo, no hay que dejarse engañar por la sencillez del poema. Escondidas o a flor de piel comienzan las posibles lecturas e interpretaciones.

Autor: admin 10 enero 2006

Julio José Ordovás

1.

Noches en las que todos los semáforos están en blanco.

2.

En un callejón sin nombre de una ciudad inventada. Un hombre mata a otro hombre, a puñaladas. Desde detrás de un cubo de basura, contempla un gato la escena. Yo soy el gato. Yo soy el único testigo del crimen. Un gato afantasmado. Y cobarde.

Autor: admin 7 enero 2006

Antón Arrufat

Donde el autor se cuenta

Estimados espectadores, quien se encuentra ante ustedes y tratará de corporizarse en lo posible hasta convertirse en cuerpo verbal, nació hace setenta años en una distante ciudad provinciana, Santiago de Cuba, distante de La Habana naturalmente, y que todo santiaguero, en mi juventud al menos, pronunciaba con cierta prosopopeya, dosis de envidia molesta, y como si en su entonación se encontraran mayúsculas marcadas, letras resonantes para exclamar “¡La Capital!”. Según me contaron mis padres, quienes al nacer primero que yo tuvieron la posibilidad de traerme al mundo y verme nacer, el hecho ocurrió un día del año 1935, el 14 de agosto. Yo puedo jurar que de tal nacimiento nada supe hasta pasados varios años, cuando empecé a tener eso, tan misterioso, que llamamos “conciencia”. Para aquellos aficionados al horóscopo occidental, nací bajo el signo incandescente de Leo, segundo decanato, gente que se caracteriza por su gran obstinación prepotente y voluntariosa, dada a las pasiones eróticas y políticas, y sin embargo propensa al suicidio cuando comprende que ha fracasado en sus proyectos o inclinaciones. Como resulta claro hasta este minuto, soy la negación viviente de tal afirmación zodiacal.

Autor: admin 4 enero 2006

José Ángel Gayol

Al margen de cualquier consideración pesimista, lo cierto es que a los anaqueles de bibliotecas y librerías siguen llegando volúmenes de cuentos en forma de antologías, de textos independientes, en los géneros más variados, sin medida de cantidad o calidad. Para un género, el del cuento, aparentemente en receso, cada año se editan nuevas obras, a menudo de gran valía y poca difusión, que sirven de espejos a una realidad literaria inagotable. El cuento se cultiva como un minifundio rodeado de los latifundios extensísimos de la novela y, a pesar de ello, encuentra sus lectores, que acuden como arqueólogos a la caza de las muchas joyas que nos regalan autores jóvenes o ya consagrados.